La valla

 
 
 
estoy ahí en mi sitio
tras la frente
y llegará a importarme muy poco
la cuestión de mi existencia

sé qué blanco es el interior de una manzana
cuando alguien la rompe con furia contra el suelo

sé cosas así de estúpidas
tras mi velo









los dinosaurios me rodean
de mayor a menor
sus bocas están abiertas y tienen ojos de ciruela
si por alguna magia cobraran vida
me devorarían aquí donde yazgo
junto al tren de madera
al lado de la ballena monstruo










se fue la luz y hubimos de pasar la noche hablando
y mirando por la ventana la luna
hinchada como la cara de un ahogado
pasaron muy despacio las horas
tomamos una infusión
reímos
nos amamos









he visto corazones rosas y rojos
hechos de tela unos y de tiza otros
con flechas y nombres y lágrimas
conocí uno amarillo y
tuve miedo en el corazón
pero mi viejo compañero es
este puño sangriento y frenético
que late en mi pecho
aún mientras me tumbo a descansar
tras tanta lucha
enardecida

es el mejor corazón que puedo permitirme









seguro que mi corazón es diferente del tuyo
que tiene, como mi mano o mi ojo, rasgos propios
que hacen que sea mío
y no tuyo
por ejemplo esa costumbre de golpearse contra mi pecho
como un animal salvaje

hace sol en el patio y huele ya a primavera

tendamos la ropa
corazón
llega, como siempre en burbujas,
el tiempo del jabón









se le estalló el cuadro todo de colores
atormentado de rojo eran montañas rusas y
estampidas de selvas de flores de tormentas

fue una pena que se le ocurriera,
para colgarlo en la muestra,
ponerle un nombre
y dibujar aquel ojo allí,
en el fondo del abismo
aquella mano

no sabía que no se debe
nombrar lo que siempre está









no sé si me gusta cuando me ocurre esto
que vengan y me toquen y haya chispas

empiezo a imaginar mis entrañas
como un lío de cables sueltos

la energía de excursión en nudos
y arabescos los pelos erizados y yo
observando cómo los obreros arreglan el suelo
y encuentran tuberías mientras las ondas
eléctricas me visten de mística loca
y consumida

agarrada a la valla
mirando al centro de la tierra

y todo el mundo que ríe alrededor










cuando llego a casa suenan siempre
esos viejos discos que él escucha

es de noche y empiezo a bailar muy despacio

inclino la cabeza hacia atrás
cierro los ojos

un enjambre nervioso encerrado
miles de abejas nerviosas en mi estómago
en mi craneo
bajo mi corazón

bailo muy despacio
me abrazo











qué se le va a hacer al dolor ajeno
que nunca acaba
así lame el mar los acantilados
y así desnuda el aire una flor y otra flor

en realidad hay muy pocas cosas que importen
ya que inevitable llegará la muerte
con su fantástica relajación
y su perdón sin límite

así pues hacéis bien tú y tu conciencia sollozante

en bajar al sótano cada día a la misma hora
y masturbaros mientras lloráis











no entiende la mayor parte de las cosas
es muy estúpida

se pone medias por medio muslo y con dedos temblorosos
se acaricia los labios hinchados mientras te mira

no sabe mantenerse en silencio pero tampoco dice más que sonidos extraños
y gime
es muy estúpida

si una pluma le roza los pezones se ponen duros como babosas en la helada
y solloza
y luego pide perdón

la muy estúpida

te mira con la boca abierta porque sabe que con la boca abierta se pide
alimento aire y eso
también eso

la muy estúpida












quiero tu fuerza dentro de mí
mi piel por afuera en el aire poblado de insectos
quedarme así de quieta durante
varios lentos parpadeos

mirándonos
como estatuas del jardín de la de maleza
tú dentro de mí sonriendo un poco

yo sintiendo
todo el silencio alrededor
nuestra respiración









el bien estar de mi carne el fluir
placentero de mi sangre me sitúa en una loma
o en un remanso en que nadar

el aire trae consigo partículas de éter perfumado
mientras camino descubriendo fachadas
sopesando la profundidad de los tajos de las calles
el volumen de esos ríos geométricos

tengo la luz en los pómulos del día
sosiego del cuerpo y sin embargo












como si trajeran infancias a mis puertas
las canciones de naranjas en el parque repetidas
de esta vida
la sola sobre la mesa con forma de ataúd
el rocío el deseo interminable y todas las imágenes bajo las uñas rotas

en realidad todo lo que quiero finalmente es agua
quién sabe
qué importa nada

porque hay polvo en el aire hoy de las calles desvencijadas
porque el ruido que ensayan los obreros con los dientes ahí abajo
la sequedad del pecho días como éste

¡a mí jardines días como éste!
aplastados
de imaginación muerta
 

 
 

de Llovizna

a 21 de Abril 03

 
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