Eyaculaciones
(Cuarto flujo)

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Pequeño detractor de la poesía, si un fragmento de vocablo, como residuo del éter cancionero, ronda a mil kilómetros de tu ego; y si apenas divisas el garbo generoso de este gesto verbal que reconoce la inmensa nulidad que representas, perdido en tu ubicua mayoría, hacinado en tus justas sinrazones; y si toda la indolencia te aniquila, y si todas las cenizas te disuelven; tu impotencia no es de nadie, hasta que sangres tu mediocre pasión y, como un eco, repitas la solitaria respuesta que no puedes adoptar como tuya y, sin embargo, te da un nombre, un puesto en el Vacío; pese a tu esforzado silencio milenario, te rescata del brutal anonimato y te eleva a la altura de titanes, como las alas, súbitas, de un fénix.
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Décimo día de agosto, con una inmensa luna llena a punto de caer entre los árboles. Hace calor. La fuente musulmanamente murmura alfanjes de plata líquida y crea como eco, apenas invisible, las siluetas de los enamorados. Murmullos besadores de la luna, imantando la fluida calidez de la sangre. Luna ladrona de caricias, de lisonjas milenarias; me sugiere, veleidosa, un ojalá casi en árabe.

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Murmullos de amor, maullidos, mugidos; miaus y mus amorosos, más o menos; ¿Qué dice el amante ubicuo, el corazón palpitante? Jadeos del animal en celo, ecos adulterinos que a diario, casi por mucho quererlo, de súbito, hacen también historia.

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Poesía: Sílabas que, lloviendo sobre la página, no la mojan; pero la impregnan.

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Hombres de poliéster, sencillos y buenos; beben cerveza, putean al gobierno; padres de familia: Sus hijos serán los primeros en prohibir el poliéster hasta en el cementerio. Hombres de poliéster, sencillos y buenos; aunque vista de seda, nadie es más que ellos.

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En la madrugada del otro día: Mi mujer y los niños duermen. Aún escribo.

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Cholito, Rafael del alma, primogénito mío, ven a mí, no te detengas. Nadie sabe porqué, nadie tiene porqué saberlo: Haberte sido inútil, haberte mal cuidado como a la vida misma. Haber jugado (“juegado”, decías tú y nunca te corregí) mezquinamente contigo; haberte mal enseñado a leer y escribir, a hablar conmigo y con los demás, aun a sabiendas de que no hay nada de qué ni con quién hablar. Enséñame tú a ser hermano tuyo (y de Gabrielito y Natty), hermano de tu madre y de todos esos tantos hermanos que nos nacen. Enséñame, Cholito, tu a mumú la vaca, tus ganas (que apenas entiendo) de ser astronauta y paleontólogo. Cholito, Rafael mío, primogénito de mi alma, no te detengas, crece en esta Noche eterna; rebélate, adorado. Aléjate de mí.

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Ni yo sé cuánto los quiero. Será mucho. Será poco. Será nada. Nadie lo sabe. Nadie nunca lo sabrá. Así nomás, cholitos.

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Mi hijo lee. Recuerdo: Todo conocimiento es remembranza; toda ignorancia, olvido.

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Sol, eres nuestro hermano mayor, malabarista que a gatas y a saltos te haces humano. No en vano cargas contigo tanta luz, tanto ladrillo, tanta canción. Tanto que es poco cuando callas, que es nada cuando hablas. Bello ángel de la guarda; bello como la muerte, muerto como la belleza. Naciste hoy. Este hoy que es ahora y que no es ayer ni mañana, que no cesa por andamiajes prostituidos, fuertes de fisión y compraventa. Niño sol, esclavo del oro diario, no llegarás jamás, no serás ni Sísifo, ni Prometeo, ni jamás el crucificado, ni siquiera la mujer estéril; sólo un montón de cemento, cementerio, larva de pirámides futuras.

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Bienaventurados, los pobres de espíritu; también desgraciados, porque de ellos será el Reino de los Cielos, no el de la Tierra.

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Las mujeres del imperio tienen nombres masculinos.
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No message.

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Nos dolió la intimidad repentina, al amparo del piso de un amigo discretamente ausentado de la cita. Actores sin libreto, improvisamos el diálogo (ponderaste el buen gusto del ausente anfitrión), reeditamos recuerdos, barajamos dilemas. (“No me mires así”, repetías, ruborosa.) Midiendo los momentos con traguitos de vino, éramos también dos buenos y viejos camaradas. Instintivamente, la conversación buscó su fuente; se encontraron nuestras bocas y gemidos se volvieron las palabras. Fuimos sólo una extensión --la más intensa y húmeda-- de esa tórrida noche de junio; una y otra vez, un solo animal, jadeante y empapado.

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Cuando, luego de una interminable separación, Ulises y Penélope finalmente se reúnen; cuando, tras milenios de ausencia, Jesús vuelve y se abraza con sus discípulos; cuando, venciendo los prejuicios y la muerte, Romeo y Julieta se casan y hasta tienen hijos; cuando, en cualquier parcela del tiempo y el espacio, los cuerpos de los amantes anhelosamente se acoplan; cuando simplemente se juntan los que se aman; ¿acaso por un instante se detiene el universo? ¿Acaso, sólo por eso, simplemente continúa?



 
 
 
 
 
> From: Julia Cevallos <EcuaYork@worldnet.att.net>
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Date: jueves, 5 diciembre 2002 09:18
Subject: Eyaculaciones (Cuarto flujo)

EcuaYork
Boletín Electrónico # 57
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Copyright 2002: Petronio Rafael Cevallos
ISBN 1-889225-14-2

 
 

de Petronio Rafael Cevallos

a 6 de Enero 03
 
 
 
 
 
 
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